Lesión del ligamento lateral interno de la rodilla

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El ligamento lateral interno o ligamento colateral medial de la rodilla es uno de los ligamentos más importantes que componen la estructura de la rodilla. Es el principal estabilizador estático de la cara interna de la rodilla, la protege soportando  la tensión en valgo y las fuerzas de rotación y traslación  anterior que se producen sobre la tibia. Colabora también a mantener la estabilidad articular y proteger al menisco interno.

Se sitúa en la cara interna de la rodilla originándose en el cóndilo medial del fémur y se inserta en la cara medial de la tibia debajo de la interlinea articular y se compone de tres capas, una superficial, una media y una profunda.

Dentro de las lesiones que puede sufrir la rodilla, la lesión de  este ligamento es una de las más frecuentes representado  hasta un 40% de incidencia lesiva.

En deportes como el rugby, hockey, yudo y fútbol las lesiones de este ligamento son particularmente comunes. En atletas representa aproximadamente el 8% de las lesiones que se producen en la rodilla y se dan por traumatismos directos o cambios repentinos de dirección o velocidad. La tensión en valgo o las fuerzas de rotación asociadas pueden distender o desgarrar el ligamento, además de poder afectar a otras estructuras asociadas como el ligamento cruzado anterior, ligamento cruzado posterior y los meniscos.

 

Existen diferentes factores de riesgo que predisponen  a la lesión de esta estructura:

  • El sexo masculino presenta mayor riesgo de lesión en comparación con el sexo femenino.
  • Los deportes de contacto.
  • Diferentes lesiones asociadas periarticulares a la rodilla.
  • Se ha identificado como un factor de riesgo significativo el retraso superior a doce semanas entre la lesión y la cirugía del ligamento cruzado anterior para la inestabilidad postoperatoria de la rodilla y especialmente si existe una lesión grado 2 del ligamento colateral medial.

El mecanismo lesional suele implicar una fuerza en valgo combinada con una rotación externa de la tibia.

 

 

La gravedad de la lesión se clasifica en 3 grados:

  • Grado 1: Existe un estiramiento leve sin desgarro significativo del tejido ligamentario.
  • Grado 2: Hay un desgarro parcial del ligamento.
  • Grado 3: Se produce un desgarro completo del ligamento.

 

En atletas la lesión de este ligamento representa aproximadamente el 8% de las lesiones que se producen en la rodilla y se dan por traumatismos directos o cambios repentinos de dirección o velocidad.

El tratamiento para la lesión de este ligamento se basa en un enfoque conservador, especialmente en las lesiones de grado 1 y 2. Y en ocasiones para el grado 3, dependiendo de la presencia o no de posibles lesiones asociadas.

Cuando la lesión se encuentra en fase agua ( primeros 5-7 días) el objetivo es controlar el edema, aliviar el dolor y proteger la estructura lesionada. A la vez que se empieza a tratar el tejido lesionado en la medida que sea posible.

En fase subaguda, entre la segunda y tercera semana aproximadamente, se continúa tratando la recuperación biológica del tejido lesionado, se restaura todo el rango de movimiento articular de la rodilla y se inicia el trabajo muscular con ejercicio terapéutico para empezar a recuperar la correcta función y fuerza inicial de la persona.

Cuando todos estos objetivos de tratamiento de rehabilitación se van cumpliendo se inicia, entre la tercera y sexta semana, el ejercicio específico de fortalecimiento para mejorar la fuerza muscular y estabilidad articular de la rodilla.

A partir de la sexta semana, cuando el tejido ligamentario esta biológicamente recuperado y tenemos una correcta estabilidad articular de la rodilla se inicia el programa de readaptación (return to play) para que la persona lesionada vuelva a poder realizar cualquier actividad de
la vida diaria y deporte amateur que estaba realizando con anterioridad con las mismas o mejores facultades.

Si es un deportista profesional o de alto rendimiento se inicia este programa de readaptación para que pueda volver a competir al más alto nivel igual que como lo estaba haciendo antes de la lesión y prevenir recaídas futuras.

Es importante destacar que la progresión entre las diferentes fases de recuperación se base en la constante evaluación clínica y la buena respuesta individual de cada paciente al tratamiento
realizado.

Un programa de rehabilitación bien estructurado puede conducir a una recuperación exitosa sin necesidad de intervención quirúrgica en muchos casos.

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